Herbario #4: THIRTEEN WAYS OF LOOKING AT A BLACKBIRD

Planta: THIRTEEN WAYS OF LOOKING AT A BLACKBIRD – Ana Vaz / Thunbergia Alata

Familia: Forum Expanded | Berlinale 2021.

Lugar de recolección del material: Portugal.

Recolectora: Valentina Giraldo Sánchez desde Berlinale Talents.

Se suele denominar “irse por las ramas” cuando alguien se deja llevar por las ideas, los recuerdos y los pensamientos, perdiendo la linealidad de una conversación. Irse por las ramas como un ave, no tocar el suelo, hundirse en un espeso bosque de imágenes y de sombras. Hay películas que parecieran irse por las ramas. Como si fueran puntos de fuga eternos, un cine del caminar cuyo instrumento y reloj es el cuerpo. THIRTEEN WAYS OF LOOKING AT A BLACKBIRD es el último cortometraje de Ana Vaz, y con una narrativa que ya no divide la tierra del tiempo, nos invita a movernos entre dos mundos: el imaginario y el material. El mágico y el concreto. El animal y el humano.

Una imagen: En realidad dos imágenes que forman una. ¿Qué es aquello que podemos ver cuando cerramos los ojos? THIRTEEN WAYS OF LOOKING AT A BLACKBIRD también es el nombre de un poema de Wallace Stevens que leen en diferentes momentos a lo largo del trabajo de Ana. En el poema y en el cortometraje, la mirada del ave es aquello que resalta en medio de los árboles. ¿Cómo se ven las cosas cuando tienes los ojos de un animal? La imagen elegida para este herbario es la mirada interna del ave. Los bordes poco definidos de las imágenes y los ojos cerrados, buscando otro tipo de mirada. La Thunbergia alata es una planta que se caracteriza porque cuando florece se llena de ojos: Flores de color naranja con un punto negro en el centro, un hoyo. Se parecen a los ojos de un animal, a los ojos ojos de un pájaro en la noche. Las infusiones que se hacen con la Thunbergia alata se usan para lavar las heridas. Wallace Stevens abre su poema:

I

Entre veinte montañas de nieve,

La única cosa que se movía

Era el ojo del mirlo.

THIRTEEN WAYS OF LOOKING AT A BLACKBIRD hace un recorrido cuidadoso por trece posibilidades de observación, trece maneras de cómo observar con los ojos de un pájaro negro y trece maneras de pensar cómo el cine puede ser un pájaro negro. La observación cuidadosa, entre lo visible y lo invisible, lo natural y lo sobrenatural, nos permite remitirnos a aquella pulsión primitiva de un cuerpo que camina la imagen.

Entre dibujos, conversaciones y frases, este cortometraje abre una pupila que recibe la luz de ese cuidado curandero del cine, de aquella ecología de la mirada que para observarse detenidamente debe cerrar los ojos.

Este trabajo abstrae la historia en un fractal, como si acercáramos nuestro ojo al centro de la flor. Su mirada de ave tiene por pupila un túnel, al igual que la Thunbergia Alata. A esta flor se le conoce como “ojo de venus”, y su centro oscuro recuerda a un agujero, a un vacío, a un cine que se traga a si mismo. Autocanibalismo, uróboro, agujero negro y el centro de la flor Thunbergia Alata.

Entre las 13 formas de mirar un mirlo que nos presenta Ana Vaz, surgen las imágenes sobrexpuestas de una escuela. Me pregunto ¿por qué no ven todos, como los niños, las heridas sobrexpuestas en el cine? ¿Por qué no hay afán por sanarlo, por ponerle encima ungüento de Thunbergia Alata y ahumarlo con un pedazo de árbol de eucalipto?

Estas 13 formas de mirar y de mirarnos, construyen todo un acontecimiento curativo del cine: lo analiza con el cuerpo que camina y con los párpados cerrados. Crear una película desde la duda, es cuidar aquellas posibilidades que tiene el cine. No aseverar nada, no anular ninguno de los caminos, hacer aquel gesto curandero de un cine que siempre se pregunta por sí mismo. Retomando ideas de Isabelle Stengers, este cortometraje me remite a que especular nuestro cine, es una forma de cuidarlo. Dudar y observar detenidamente nuestras imágenes es abrazar aquellos futuros posibles, aquellos portales que nos hacen cambiar de perspectiva para mirar un pájaro negro desde otra posición.

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