Por Esmeralda Reynoth desde Argentina | Cobertura colaborativa

Parte I: nunca sanaré esa herida

Aizic Akerman, George Altah, pantalla a negro, Ilie Aron, Iosif Aronovico, pantalla a negro, Strul Avran Aranovici, pantalla a negro, Moise Aizic, Davida Averbach, Hzak Moise Moscovisi Avram, Ana Baruch, Haim Baumel, Litman Baumel, Hascal Bercovici, Meilich Bercovici, Salomon Blonder, pantalla a negro.

El tiempo, la pausa y los retratos. Las estampitas, los sellos, la letra a máquina, la certificación, el pasaporte. La foto familiar, el del bigote, el de sombrero, su mirada, sus miradas, la barba, la corbata. La ceja, el pelo blanco, la foto en el marco. El sello de la casa fotográfica, la sonrisa, el niño, el viejo y el adolescente. La mujer con los hijos, el punto negro sobre la cara, el grano, el difuminado, el tuxedo. Los broches oxidados, el papel roto, la arruga que borró el borde. El marco, la foto cortada, ellas-allí-en-la-foto. Los abrigos, la foto de los dos hermanos, la pareja, el peinado, la rayita en medio y al costado. La foto en el tren, la sonrisa en el charco, las cosas que no puedo decir. La estación, la calle, las ejecuciones. La foto desdibujada y las que nunca podré describir.

Parte II: un tema de William Basinski, dip 1.1

Mientras escribo, me pregunto quiénes superan estas historias, y si en algún momento aquellos que sobrevivieron pudieron volver a subir a un tren. Me imagino el momento exacto de la fotografía: cuántas ansiedad de vida envuelta entre tanta mortandad. Me pregunto si algún tipo de sonido puede acompañar a estas voces. 

Parte III: El niño con el diploma y la corona de flores

Junio de 1941: la masacre. Jude y  Cioflâncă nos traccionan, nos hunden y nos atrapan en un sin fin de relatos aterradores. No hay vuelta de hoja, no hay donde huir. El director e historiador nos enfrentan a un libro de retratos: ¿qué era lo que Hitler miraba? ¿qué era lo que ellos miraban? 

Los autores trabajan sobre la mirada que juzga, que calla o que simplemente gira la cabeza; y nos enmarcan: nosotros allí sentados, viendo cada comisura de la boca. La historia se narra, pero en las fotos se cuenta sola. En la segunda parte, las fotografías muestran a judíos formando filas interminables que la cámara ni siquiera logra captar, y al costadito, como en una charla de bar, algunas personas bien vestidas charlado. ¿Se daban cuenta? ¿Sabían lo que a esas centenas de judíos les ocurriría? 

La mirada del otro constituye siempre una pregunta: ¿quién soy yo si nadie me mira? Recuerdo las historias sobre la dictadura en Argentina, la gente siempre vio y no dijo nada por miedo, pero curiosamente en estas fotos, en algunas de ellas, no parecen tener miedo. Hitler no estuvo solo; y cuando digo esto solo puedo pensar en las lógicas de la derecha, en la herencia supremacista que nos dejó. Quisiera creer que no hemos fallado, y sin embargo, lo hemos hecho. 

Parte IV: el plano es la foto

Jude y Cioflâncâ abordan la masacre contra miles de judíos en el pogromo de Iasi (solo estoy siguiendo el programa). En orden alfabético (desjerarquizando cualquier tipo de posición), se van narrando las historias de cómo fueron arrebatados de sus vidas: todos murieron asesinados por los ejércitos alemán y rumano. No hay nada más que se pueda decir que lo concreto. Esta película es un documento, un testimonio para esta época de selfies y primeras personas. Calcula la monstruosidad y nos deja ver casi en slide, el silencio de una montaña de cuerpos, del horror que también tiene la imagen y aún más la memoria. 

En la Trilla de un tren que nunca se detiene

En la estela de un barco que naufraga

En una olilla, que se desvanece

En los muelles los apeaderos los trampolines los malecones

Hay cadáveres.

Néstor Perlongher

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