Por: Valentina Giraldo Sánchez desde Colombia | Cobertura colaborativa

Hoy es lunes. Ayer, al salir del istmo amable empezó a llover más fuerte. Descubrí que cuando los peces gato abren la boca, suenan las notas de un piano. Estos peces a veces golpean con su cola mi barco pesquero.

Navegando, el mar empezó a hacerse pequeñito y se iba transformando en río. Hoy llegamos a SELVA TRÁGICA el quinto largometraje de la realizadora Yulene Olaizola. La historia es ambientada en el Río Hondo, entre México y Honduras durante los años 20. Una imagen: Un hombre trepa un árbol, hace cruces con su machete, del árbol sale el caucho. Imagen de la imagen, la cruz: La cruz de religión obligada, la equis de la ecuación, las dos líneas marcadas por el machete. Imagen de la imagen de la imagen, el caucho: Líquido blanco, espeso. Baba colonial, explotada, robada. Árboles talados, personas asesinadas: Hombre blanco masca chicle.

Esta película se recorre en las circularidades de la selva. Ese tapón verde y misterioso que se traga lo humano. Los jaguares marcando el sendero, las personas huyen para contrabandear. La tensión de los rangos de poder se disloca ante la inmensidad de la selva, ante sus susurros, ante su suelo húmedo. La baba blanca, la colonizada, la baba-sangre del árbol es la baba-palabra, la baba de la boca. La baba-sangre-palabra también es la humedad del río. Las babas cauces de una historia, nos devuelven a esa sensación de una selva que, intransitable, oculta misterios antiguos. Su lenguaje, aunque baboso, no habla con la baba violenta del hombre extractor de recursos.

En medio de la historia que nos presenta Yulene, aparece una mujer. Luego de haber huído es encontrada por un grupo de trabajadores de caucho en la selva. La entrada de ella indica tensiones en el grupo de hombres. Como si este relato de la baba usurpada mezclara la leyenda maya de Xtabay, una presencia que conducía a los hombres a la muerte.

Mi barco, silencioso, sale de las babas del río para reunirse de nuevo en el mar, que a lo mejor sean más babas. Al final de este largometraje, sale la mujer del río, viste de blanco, recibe el cuerpo de un hombre, luego se hunden juntos en los cauces del territorio invadido. Para terminar, y antes de salir de este río, una última imagen: Un hombre prepara una escopeta, dispara, la voz en off dice: “que ligero tu, que puedes amar siete veces en un día. Pero no puedes resistir una sola vez su amor.”

Envolverse de la selva indómita siempre será como conocer la vida por primera vez.

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