Por: Valentina Giraldo Sánchez | Especial desde Oberhausen 2021

Últimamente he tenido sueños muy extraños. En mis sueños ríos desbordan sus cauces e inundan las ciudades. En una ocasión estaba en un parque en Chile, las aguas furiosas de un río rompían las estaciones del tren. En otra ocasión, estaba en la calle 19 en Bogotá y una cascada se llevaba los carros. Las fantasmagorías de mis sueños encuentran sus cauces desbordados con las imágenes, y la memoria fractal se toma hoy de la mano con esta primera página del diario escrito-soñado a CAFÉ DE KINEMA de Sol Miraglia y EU ESPERO O DIA DA NOSSA INDEPENDÊNCIA de Bruna Carvalho Almeida y Brunna Laboissière.

A veces pienso que el cine es una especie de alquimia del tiempo, una práctica secreta que revela luces mágicas. Incluso congela instantes, que es algo así como una vida eterna. Cuando vi estos dos cortometrajes recordé los murmullos ocultos de las aguas que inundan mi cuerpo cuando cierro los ojos. Por lo tanto, los navegaré desde dos puntos de partida diferentes y dos zonas horarias distantes, para luego viajar en el tiempo y traer ambas reflexiones a un mismo espacio: la página escrita desde un apartamento en Bogotá.

1. Japón – GMT +9: En este cortometraje, Sol Miraglia se introduce en los pequeños detalles de un silencioso café en Tokio. La cámara repara en cosas casi imperceptibles, la espera en medio del silencio se extiende en una paciencia que permea el tono de esta pieza. Me pregunto, ¿el tiempo puede detenerse? ¿qué sucede cuando el tiempo se detiene? A veces pienso en la velocidad de las cosas, los momentos se alejan tan rápido, se pierden entre un mar de afanes y preocupaciones. CAFÉ DE KINEMA es algo así como un “demorarse” observando. Demorarse en la quietud, en la respiración, en la repetición de gestos: encender un cigarrillo, tomar un café, arreglarse un mechón del cabello con una mano. Este cortometraje mira de frente a la espesa baba de una espera que pareciera adherida a mi cuerpo de espectadora: espero que algo suceda pero nada sucede y aún así suceden muchas cosas al tiempo. Sucede mujer sacando cigarrillos de su bolso, sucede alguien viendo el periódico, sucede gente durmiendo al otro lado del mundo, sucedo yo observando, atenta, la pantalla de mi computador. Pienso que quizá el cine es un espacio que simplemente deja de esperar, que se abre como una grieta en medio de tanto ruido para dejar descansar suspiros y afectos, un espacio seguro para sanar heridas.

2. Argelia – GMT +1: Aguas golpean las rocas y la espuma del mar lame los bordes de la tierra en Argelia. Este cortometraje inicia con una mirada atenta a las aguas. Pienso de nuevo en mis sueños. La permeabilidad del sueño y del cine permiten la entrada de las aguas furiosas. En esta primera secuencia una voz en off se pregunta por las aguas que llegan a las costas de Argelia y las aguas que llegan a las costas de Brazil. Ambas pertenecen a océanos diferentes pero parecieran guardar el mismo rumor. Pienso que quizá el agua que me moja los pies en los sueños es la misma agua de la que hablan en este cortometraje. Al fin y al cabo los colonizadores llegaron en barcos y su rumor se hace sentir en las relaciones de poder desiguales que le dan borde a nuestros territorios abrazados por el agua. En este cortometraje dos mujeres viajan por Argelia durante las manifestaciones del movimiento popular Hirak. En el viaje conocen a una joven, y las aguas distantes parecen unirse: rumores de inconformidades, debates públicos y resistencia. Termino esta breve reseña, he escrito 11 veces la palabra “agua”, sé que mi escrito se inundó en la memoria y en los sueños, el líquido penetró las palabras y las humedeció de preguntas, ¿serán las mismas aguas de las costas de Argelia o de Brazil?

En Japón estoy almorzando, son las 2 y 15 de la tarde. En Argelia estoy durmiendo porque recién empieza a amanecer. En Bogotá son las 12 y 16 de la mañana, tengo sueño y estoy escribiendo. Hoy vi una frase que me llamó la atención: “TERRITORIO EN PROCESO DE ESPECULACIÓN IMAGINARIA”, me pregunto por el territorio dormitante del cine por escrito que me permite comer en Japón, dormir en Argelia y escribir en Bogotá, todo al mismo tiempo. Pienso que quizá un territorio de la imagen en el cual podamos re-imaginar nuestras dimensiones de lo común y de lo colectivo surge en la especulación de las palabras. Este territorio del sueño imagina, fabula y junta los hilos de la memoria, el cine y la realidad material que me rodea: un paro nacional y diferentes ciudades incendiándose, políticas públicas desgastantes y un gobierno que imparte una agenda necropolítica. Pienso que vivimos en una realidad tan llena de urgencias. Estas palabras las termino de escribir pensando en la necesidad de especular con imaginaciones radicales el territorio de nuestras imágenes.