Por: Valentina Giraldo Sánchez | Especial desde Oberhausen 2021

A veces confundo los sueños con la realidad. Dos vectores se juntan y en su vértice nace una cascada, una cascada que brota como la lágrima de una montaña. La cascada entreteje la confusión entre lo que veo cuando cierro los ojos y lo que veo cuando los abro. Los sueños son también señales, presagios en los que caben las especulaciones. Últimamente los dos vectores: el sueño y la realidad, han traído a mi imágenes recurrentes: calles cerradas, abrazos colectivos, buses incendiados. Al fondo de las imágenes que cruzan mis sueños y la realidad, se ven las montañas de la cordillera oriental de Colombia, uno de los tres ramales en los que se divide la cordillera de los Andes. En este ramal queda Bogotá, queda el nudo de Almaguer (que es donde nacen los ríos más importantes de Colombia) que se extiende hasta el departamento del Cauca que se extiende hasta la Serranía del Perijá en La Guajira. La cordillera también se encuentra con las cuencas hidrográficas del río Amazonas, Orinoco y Catatumbo. La entrega de hoy de este diario de sueños se relaciona con la tierra. El recorrido abordará los cortometrajes BELOS CARNAVAIS de Thiago B. Mendonça y LA CUMBRE de Felipe López.

En BELOS CARNAVAIS asistimos a la historia de Dadhino, un bailarín de samba que va junto con su nieta al entierro de su hermano quién era parte de una escuela de samba rival. Los gestos y formas que en algún momento le dieron movimiento a un cuerpo, están hoy suspendidas en el silencio incómodo de un funeral. A medida que el cortometraje avanza, el silencio se estira como una goma y se va transformando en pequeños murmullos, los murmullos se expanden en cantos. Las voces se juntan y el saber corporal del baile dialoga con la tierra. A la tierra vuelve el cuerpo muerto. Sobre la tierra nos sentamos a cantar la vida de aquellas personas que no están. Me pregunto qué significa coreografiar el duelo. En este texto-sueño coreografiar e imaginar se juntan, el saber corporal de la danza y el saber dormitante de la imagen abren un vértice (así como el sueño y la realidad) y una cascada. Coreografiar el duelo quizá sea similar a imaginar dormida. En mi imaginación dormida mis pies son conscientes de la tierra que pisan, de las cordilleras que abrazan mi cuerpo imaginado y que al mismo tiempo son las raíces materiales del pensamiento que me atraviesa. Mi coreografía del duelo es la escritura. En el cortometraje de Thiago la coreografía del duelo hace caminar a los cuerpos, los hace cantar y luego los hace enterrar. La coreografía del duelo y la imaginación dormitante se juntan: un cuerpo vuelve a la tierra y yo miro las montañas de la cordillera oriental.

En las montañas y en la imaginación que a la vez es coreografía de futuros, aparece LA CUMBRE de Felipe López. En este cortometraje el realizador construye un retrato de su casa en la montaña, a la cual no iba en casi 2 décadas. El relato es conducido por su abuela y por su abuelo. En las faldas de los Andes, LA CUMBRE recoge la espera y los años. Cuando imagino este cortometraje y coreografío las palabras pienso en la vejez. Envejecer es como volver a la tierra, ser tragada por una montaña. A medida que pasan los años la tierra nos empieza a llamar, es entonces cuando la piel empieza a colgarse, salen arrugan y todo nuestro cuerpo empieza a ser reclamado por la tierra de la cual venimos. La fuerza gravitacional nos jala a su núcleo. Con los años y el llamado de la tierra, nuestra piel empieza a llenarse de raíces: las venas se inflaman y se pronuncian. El tiempo nos hace árboles. En el tarot, las montañas representan ese lugar al que queremos llegar. Una especie de crecimiento espiritual que se consigue caminando con mucho trabajo. Volver a la tierra es quizá también volver al centro caliente del magma, a la luz, al fuego. A propósito de esto, de la montaña y del volcán, de la cumbre desde la cual fabulo e imagino y de LA CUMBRE -que es el cortometraje de Felipe– recuerdo una de las imágenes: un hombre, el abuelo del realizador, camina entre las plantas. La coreografía del tiempo fílmico imaginado en mis palabras cierra con un recuerdo similar: en mis sueños yo también camino montañas y en el cine coreografío los duelos.