por Esmeralda Reynoth desde Argentina | Cobertura Colaborativa

“Saber mirar una imagen sería, en cierto modo, ser capaz de distinguir ahí donde la imagen arde, ahí donde su eventual belleza reserva un lugar a un “signo secreto”, a una crisis no apaciguada, a un síntoma. Ahí donde la ceniza no se ha enfriado”

Georges Didi-Huberman

El fuego es uno de los elementos más utilizados por la humanidad para su trabajo, alimentación y bienestar. Sin embargo este fenómeno es útil y positivo cuando está controlado. Qué es entonces lo que disecciona el fuego en esta película. Si la imagen es imagen de algo en la interacción intensa entre las partes.

Córdoba este año se prendió fuego, sus sierras pintaban el cielo con pinceladas de luces que arrasaban todo su bosque, flora y fauna. No eran estrellas fugaces o fuegos artificiales. ¿Quién combatió ese fuego, y quién, solamente lo vio?

En este primer largo del cordobés los momentos de apacibilidad y de la relación entre humanidad y naturaleza, aparecen como un cuestionamiento a su propia materia. Planos largos y silenciosos, o por el contrario llenos de un sonido pesado. ¿Quiénes son esos hombres? Los del sueño, los del recuerdo, lo que fuman en una pipa.  ¿De quién son la pava, el zapato, la pala, el gato, el caballo?

La imagen es sensitiva, táctil. Todo lo que está en primer término manipula al ojo. El hombre que camina, no es solo un hombre, también es un espectro de la realidad o hasta quizás de un deseo. Favot juega a eso, a crear alucinaciones, con los carros de agua de los que solo se ven las luces o de los bomberos pintados en la tela reflectante. Un juego que avanza entre escombro, fuego y memoria: quizás…lo que era Córdoba y lo que queda de ella.

La historia, si es que la hay, se desliga del tiempo, y en un ir y venir las llamas nos atrapan la mirada cuando aparecen, la marca de la fuerza, de que la naturaleza está fuera y al mismo tiempo dentro. Los planos de Favot son limpios y contienen ese no sé qué que hipnotiza, aún cuando sus archivos son temblorosos. Sigue poco a poco y  todo se convierte es una comunidad utópica: nosotros allí disfrutando, nosotros allí tocando el tambor lejos de todas las luces.

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